Soy la
sangre que tienes y aun así la dejaste partir,
El bien
que me esperaba no estaba en tus manos,
Me viste
partir y tu mirada se esfumo a lo lejos
Me
lloraste, me extrañaste y sufriste por mí
Era solo
una niña y sin duda te amaba,
Padre,
dulce Padre, en donde te encuentras
Te
necesite en mis noches de enfermedad,
Eras tú a
quien quería a mi lado y no estabas
Eras tú a
quien quería contar mis secretos
Padre,
Siempre mi Padre, te admiro con devoción
Eres la
sombra que ya tengo, la risa que veo en mi mente
Huelo la
pulpa de café en tus manos cada mañana,
Cierro los
ojos y siento que me abrazas tiernamente
Quiero
cogerte de la mano y sin demora besarles
Quiero ser
yo quien prepare los tragos en la
mañana,
Llevarlos
a la cama y consentirte por instantes
Pudiera yo
mirar esos ojos vividos y solitarios
Me
arrodillaría y lloraría de alegría por tenerte
Padre, mi
buen Padre, extraño colgarme de tu cinturón
Y más aún
extraño escucharte.
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